BATALLA ESPIRITUAL

M. Basilea Schlink

 

-- Indice --

1) Protección en una Edad Satánica

2) ¡Nadie es como Jesús!

3) Cómo liberarse de los Vínculos del ocultismo

4) Cómo orar por la Liberación de Otros

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PROTECCIÓN EN UNA EDAD SATÁNICA

            Vivimos en un tiempo en que el ocultismo se extiende por todo el mundo. Las prácticas ocultistas, como sesiones espiritistas, conjuros, juegos invocando espíritus, embrujos, maldiciones y uso de remedios dudosos, han aumentado considerablemente. Los medios de comunicación masiva se hallan inundados con temas de este tipo. El entrar en este mundo sobrenatural es visto como algo sensacional y de valor positivo, en el cual  hay muchas cosas nuevas por descubrir.

            Así, como algunas personas tienen su pasatiempo, muchos se interesan por el ocultismo sin saber ni sospechar que con ello se están colocando bajo un poder extremamente peligroso que puede arruinar sus vidas, tanto aquí como en la eternidad. Otros, que no se sienten atraídos por esta moda ocultista, ven todo esto como algo absurdo y sin consecuencia alguna. Se ríen de los cristianos que toman estas cosas en serio. Consideran una "creencia medieval" el que Satanás y sus subordinados, brujos y hechiceros, existen y están actuando hoy.

       El ocultismo no es una cosa innocua. Las personas no pueden quedar ilesas aun cuando su interés sea meramente científico. No se puede experimentar con tales cosas sin atraer a Satanás y caer bajo su influencia. Él está vivo y tiene poder; y usa ese poder para hacer daño a las personas, atormentándolas y llevándolas a la perdición.

En la Biblia leemos que todas las prácticas del ocultismo son abominación al Señor. "Que nadie de ustedes ofrezca en sacrificio a su hijo haciéndolo pasar por el fuego, ni practique la adivinación, ni pretenda predecir el futuro (incluye leer horóscopo), ni se dedique a la hechicería ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos. Porque al Señor le repugnan los que hacen estas cosas" (Deuteronomio 18:10-12). Cualquiera que se arriesga, a practicar el ocultismo se expone a un peligro inminente.            
           

Pero, ¿qué sucede con aquellos que son inocentes y que han caído bajo maldiciones satánicas sin haber tenido contacto con el ocultismo? Da miedo pensar que hoy en día nadie pueda saber si le maldicen. Si alguien nos odia, o piensa que le somos molestos o sencillamente no le caemos bien, sin provocación de nuestra parte, fácilmente esta persona puede encontrar a alguien que esté dispuesto a proferir una maldición para contra nosotros y acarrearnos una desgracia, ya sea a nosotros, a nuestra familia, a nuestra casa, a nuestro negocio o a cualquier cosa que tengamos.

           

      Aunque esto sea una realidad, recordemos que tenemos un refugio seguro: ¡Nuestro Señor Jesucristo! Aquellos que le invocan, quedarán libres de tales maldiciones. Quienes verdaderamente creen en Jesucristo como su Salvador  y tienen una correcta relación con Él, pueden anular los efectos de estas maldiciones, al clamar por la sangre de Jesucristo. Su sangre es un escudo que nos protege de los ataques del enemigo. Satanás huye cuando nos ve bajo la cruz de Jesús invocando la sangre del Cordero allí derramada. Podemos asegurar que existe un poder cuando invocamos y alabamos la virtud de la sangre del cordero.

            Pero, hoy no solamente hay personas afectadas por maldiciones y otras prácticas de hechicería, sino también edificios, terrenos, sí, hasta incluso distritos y ciudades pueden venir bajo el poder de las tinieblas. ¡Qué maravillosa seguridad es para nosotros en estos tiempos saber que podemos pronunciar el nombre de Aquel que es más fuerte que Satanás y todas sus astucias: ¡el Nombre de Jesús! Satanás está sujeto a Él y le tiene que obedecer! Estamos siendo llamados a seguir el ejemplo de nuestros antepasados, quienes solían orar para protegerse de los ataques del maligno.

            ¡Espíritus infernales, aléjense!
            Aquí no tienen nada que hacer.
            Esta casa pertenece a Jesús,
            dormimos en paz y seguridad.
            La fuerte guardia de los ángeles
            la protege grandemente;
            su ejército la cerca y la defiende.
            La defiende contra todos los demonios.

                                    Christian Scriver (1629-1693)

            Ahora es el tiempo en que más necesitamos orar para estar protegidos. Hoy, más que en otra época, Satanás anda alrededor como un león rugiente para hacer daño, para atormentar a las personas y destruir todo lo bueno que Dios les ha dado. Sin embargo, el enemigo tiene que respetar oraciones como la que leímos anteriormente, que suben al cielo día tras día. Satanás es forzado a retroceder cuando el nombre de Jesús es proclamado sobre casas, propiedades, pueblos y almas de personas, él tiene que rendirse cuando colocamos todo esto bajo la señal victoriosa de la cruz de Jesús y los cubrimos con Su Sangre.

            Hoy, como nunca, podemos apreciar el significado de que Jesús haya derramado Su sangre a nuestro favor en la cruz del Calvario. Sí, en verdad, podemos experimentar fuertemente el poder de Jesús, el Cordero de Dios; y el poder que hay en Su sangre. Ya ha llegado el tiempo para que adoremos al Cordero, y éste es el llamado que nos hace el libro del Apocalipsis, al describir los tiempos finales. Cuanto más adoremos al Cordero y alabemos Sus heridas y el poder de Su sangre, más experimentaremos Su protección contra los ataques y engaños del maligno.

            Cuando adoramos a Jesús, honramos a Aquel que es el Señor todopoderoso y el Maestro, quien ordena huir a los poderes de las tinieblas. Es  entonces cuando Jesús demuestra Su poder porque Satanás es un ser creado, un ángel caído, y tiene que inclinarse ante la voluntad de Dios; y él se estremece cuando se pronuncia el nombre de Jesucristo. Tiene que retroceder cuando uno invoca el poder de la sangre de Jesucristo. Jesús dice: "Yo les he dado poder (a ustedes) para caminar sobre serpientes y alacranes y para vencer toda la fuerza del enemigo, sin sufrir ningún daño" (Lucas 10:19).

            Por tanto, no debemos estar temerosos o desanimados, si hoy otros echan maldiciones y hacen embrujos. Hay sólo Uno que es Todopoderoso, y todo está sujeto a Él: Jesucristo.

            Pero, invocar a Jesús y alabar Su sangre sólo será eficaz cuando el pecado haya sido perdonado y limpiado en nuestras vidas. El mantener pecado en nuestras vidas da a Satanás un derecho sobre nosotros, pero si andamos en la luz, esto es, si confesamos nuestros pecados y los dejamos de lado, recibiremos perdón. Entonces, cuando invocamos a Jesús y reclamamos Su sangre redentora, nuestras oraciones serán escuchadas.

Jesús dice: "Y todo lo que ustedes pidan en mi nombre, yo lo haré..." (Juan 14:13)

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