Como ciudadana de su país, la Madre Basilea deseaba hacer restitución por los pecados del pasado en el espíritu de Daniel 9 y encontrar formas prácticas de expresar amor al pueblo escogido por Dios. Esto llevó en 1961, a abrir una pequeña casa en Jerusalén, Béit-Abraham, para recibir a supervivientes del Holocausto. En la inauguración, un antiguo alcalde de Jerusalén dijo: “queremos olvidarlo todo poco a poco y ver sólo la reconciliación y el amor que Uds. nos han traido…” Para más información sobre este tema, ver el libro: “Israel, mi Pueblo Escogido”.

Extraído de una entrevista en Béit-Abraham: “… nunca podremos sanar las heridas, son demasiado profundas, pero podemos ayudar para que sean mitigadas. Podemos compartir el dolor de quien está lleno de dolor. Éste es el propósito de Béit-Abraham. Nuestra oración es que nuestros invitados se sientan como si estuvieran descansando en el seno de Abraham y que experimenten algo de la paz del Todopoderoso. Y allí donde hay fe, hay paz. Con nuestros invitados judíos leemos pasajes del Tenaj, que muestran que el Todopoderoso nunca olvidó a su pueblo en todos sus sufrimientos, y nunca lo hará. Su pacto con ellos permanece para siempre.”