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 Los Hermanos Franciscanos de Canaán 

Los Hermanos comparten:

A mediados de la década de 1960, Dios mostró que en Canaán habría una Hermandad de hermanos, con la misma vocación de servir en Canaán, en el espíritu del primer amor por Jesús.
Así como el nombre “Hermandad de María” indica un objetivo espiritual de seguir a Jesús hasta la cruz, según el ejemplo de María, así también San Francisco de Asís, en un sentido especial, es el ejemplo para los Hermanos Franciscanos de Canaán. En la vida de San Francisco podemos ver la señal y las bendiciones de un hombre dedicado a Dios, inspirando a los cristianos a través de los siglos.
Cada uno de los hermanos podría compartir personalmente su historia de cómo descubrió el amor de Dios por medio de Jesucristo, y cómo el deseo de sus corazones se volvió cada vez más fuerte: Amar a Jesús por encima de todo lo demás, porque Él nos amó tanto. En nuestras fundadoras, la Madres Basilea y Martyria, igual que con las Hermanas, podíamos ver una alegría tan radiante, que ningún ser humano por sí mismo puede ocasionar. ¿Será que esto también sería posible para nosotros, los hombres?
¿Por qué existen sólo hermanas de María? ¿Por qué no hay hermanos de María? Ese asunto fue resuelto en 1967. En esa época las dos madres de la Hermandad Evangélica de María aceptaron a algunos hombres en la comunidad como Hermanos Franciscanos de Canaán. Aunque no tengamos el mismo nombre, María, la madre de Jesús, en su vida singular de fiel discipulado, ha sido de la misma forma un ejemplo excepcional para nosotros.
¡San Francisco! Qué fascinante es este hombre tan sencillo y modesto. Muchos años antes de la fundación de nuestra fraternidad, la vida y el ejemplo de San Francisco tuvieron un profundo significado para la Madre Basilea, bendiciéndola ricamente. Ella comparte lo siguiente en el prefacio de su librito “San Francisco Hoy”:

En su personalidad, en su manera de ser, en su vida, descubrí el evangelio auténtico: “Si no se vuelven como niños…”, “Gracias te doy, oh Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeños, débiles e ignorantes…”.
El cautivante corazón infantil y la humildad de Francisco de Asís, que se convirtieron en una fuente de poder y autoridad en su ministerio por Jesús, tocaron mi corazón. El ardiente amor por Jesús, nacido del arrepentimiento, una estrecha comunión de corazón con Jesús, quien es la fuente de toda alegría. Todo eso podía ver en la vida de S. Francisco. Eso fortaleció en mí el deseo de amar más a Jesús. De los resultados de la vida y discipulado de S. Francisco, percibí que solamente el amor ardiente por Jesús traza una solución para los problemas y dificultades en la Iglesia y en el mundo, como fue demostrado en cierto sentido en su época.

No podemos imaginarnos la tremenda influencia que ejerció Francisco en su época. Dentro de unos años había cerca de 5.000 hombres que seguían su ejemplo. Anteriormente, él había llevado una vida semejante a muchos otros jóvenes de su tiempo y, con todo, había un gran anhelo en su corazón por algo más profundo y auténtico. Sin embargo, había ignorado eso por mucho tiempo. Probablemente percibió que ese anhelo interior no podría ser satisfecho, sin antes desprenderse de muchas otras cosas. Entonces oyó el llamado extraordinario: ¡Francisco, ve y restaura mi casa! ¿No era él una persona a quien la iglesia significaba tan poco? Pero Francisco escuchó esta voz y reconoció a Aquel que le había hablado: Jesucristo.
Hasta los días de hoy este llamado también nos conmueve profundamente: ¡Ven, y sígueme! De esa forma, cada Hermano ha experimentado un llamado muy especial del Señor, para responder a Su amor, dejando su tierra y a sus familiares y consagrándose enteramente a Jesús de la manera que Él nos dirige, y para algunos, esto significó un vuelo sobre el océano.


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HERMANDAD EVANGÉLICA DE MARIA - PARAGUAY