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Una invitación para renovar el contacto con Dios

“No dejes pasar ningún día sin entrar por la puerta abierta de la oración para tener un encuentro con Dios.
Busca a Dios diariamente, y Él te responderá cada día

MB

 

Amado Señor Jesús

Te pido lo que anhelo tener en mi vida: tu gran regalo del arrepentimiento. Envíame por tu gracia el Espíritu de verdad para que yo pueda verme en tu luz y reconocer la profundidad de mi pecado. Ayúdame a recibir tu Palabra como Tu medida para mis pensamientos y mis palabras, para lo que hago y dejo de hacer, para mi trabajo y actividades. Apártame de aplicar mis propias medidas baratas. Ayúdame a tomar como un mandato tus enseñanzas del Sermón del Monte y tus Diez Mandamientos. Por ellos concédeme que yo pueda verme como Tú me ves y juzgarme como Tú me juzgarías un día si no me arrepiento de mi pecado.

Por medio de tu Espíritu Santo, ayúdame a discernir Tu admonición amorosa en todo lo que me sucede, especialmente en Tus correcciones. Y dame la gracia para aceptarlo con toda mi voluntad.

Contesta mi oración. Dándome un corazón quebrantado y contrito, que no se auto justifique ni esté satisfecho consigo mismo, sino un corazón que llora por sus pecados y se alegra a causa de tu perdón.

Te doy gracias porque sé que responderás a esta oración por contrición y arrepentimiento diario, porque nada te alegra más que un pecador que derrama lágrimas de arrepentimiento. Por eso no miraré a mi corazón endurecido e impenitente, sino a Ti, Señor mío, Jesucristo. Tú viniste para destruir toda autojustificación y dureza de corazón, y ganaste para nosotros, por medio de tu Redención, un corazón nuevo, tierno y humilde.

Por eso ayúdame a perseverar en oración y fe hasta que se haya derretido mi corazón endurecido y yo pueda llorar a causa de los agravios que te he causado, Señor mío, y también a mis semejantes. Yo sé que me darás la gracia de poder llorar a causa de mi vieja naturaleza pecaminosa, mi dureza, falta de misericordia y bondad, mi murmuración, celos y envidia, mi falta de sinceridad, mi dependencia de las personas y las cosas materiales de este mundo. Señor, yo sé que harás en mí un completo cambio.

Te doy gracias, oh Señor, porque me darás lo que me falta,-el arrepentimiento- para mi vida sea completamente transformada y por él crezca mi amor por Ti. Que con mi vida redimida y feliz por ser un pecador perdonado, yo te pueda alabar aquí en la tierra y estar preparado para celebrar contigo el Banquete de las Bodas del Cordero en la gloria celestial.

Amén.

Señor Jesús,

Crea con Tu sangre una barrera a mi alrededor contra todo engaño satánico, en particular contra toda impureza que quiera invadir y dominar mi vida pensante, o que ya lo haya hecho.

Confío en el poder de Tu preciosa sangre que derramaste por mi redención. Es más poderosa que toda influencia satánica que me asedie. Tu sangre me da la fuerza para resistir todas las seducciones pornográficas y satánicas, y también para evitar programas de televisión, producciones teatrales o cinematográficas, literatura o música que contenga tales cosas.

Renuncio a toda tentación de Satanás para rebelarme contra Tus mandamientos.
Renuncio a la libertad de pecar, tal como se me ofrece.
Renuncio a los sentimientos impuros que brotan de mí.
Renuncio a todo tipo de tratos con lo oculto, aquello que me lleva a entrar en contacto con las fuerzas demoníacas. Decido no tener nada que ver con lo oculto.

Pertenezco a Ti, mi Señor Jesús. Por mí fuiste crucificado y te levantaste de la muerte en victoria. ¡He sido redimido! Tú pagaste el precio.

Por tu nombre santo, Señor Jesucristo, destruye en mí toda disposición a acceder a lo que es inmoral y de origen satánico. Por medio de Tu sangre preciosa has ganado para mí un nuevo corazón, que es atraído por todo lo que es puro, divino, amable y bueno. He sido redimido para que pueda mostrar Tu imagen.

¡Satanás tiene que irse con sus engaños! El ha sido juzgado y está condenado. El ha perdido todo derecho sobre mí.

Amén.

¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesús aplastó la cabeza de la serpiente y también venció su poder sobre mí. Él ganó esta victoria.
¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesucristo destruyó el poder de la muerte: en mi corazón y en mi vida también. Él venció a la muerte.
¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! El Cordero, el León de Judá, venció a Satanás y el poder del pecado en mi vida. ¡Jesús es Vencedor!
   ¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesús puso a todos sus enemigos bajo sus pies. En mi vida también el enemigo es vencido. ¡Jesús lo venció!                                                                                                                       ¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesús vino para destruir todas las obras del diablo…En mi vida también, porque Jesús es Vencedor.
   ¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesús nos libró de todo el poder del pecado, porque dice: “Si el Hijo los libera serán verdaderamente libres”. Él me hizo esta promesa. Jesús Vencedor me libró de los lazos del pecado.
   ¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Yo sé que mi redentor vive. Me redime y me transforma en nueva criatura. ¡Jesús me libera!
¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesús despojó a sus enemigos, los exhibió públicamente y triunfó sobre ellos en la cruz. ¡Jesús vence sobre el enemigo, cuando trata de oprimirme!
      ¡Aleluya!

            ¡En el nombre de Jesús y en sus heridas hay victoria! Jesús tiene las llaves del infierno y de la muerte. Desde hoy el enemigo no me dañará, por más que “ronde como león rugiente”. ¡Jesús me redimió! ¡Jesús es vencedor!
     ¡Aleluya


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